



En Adriana al final del vacío una adolescente, estudiante promedio con afición por la gastronomía y una vida frente a su computadora, recibe cajas vacías por parte de su madre. Este hecho, que para ella se ha vuelto una rutina incomprensible y a la vez que anodina, detona un extraño comportamiento en su hermano adoptivo y su encuentro con Ännä y Soledad, dos personas cuyo aparente desprecio por la literatura las transforma en las principales promotoras de un grupo de malos escritores juveniles.
Peruvian Skies es el testimonio de Jaimito, un estudiante peruano de matemáticas que se ve forzado a volverse poeta y a administrar un bar bohemio en los acantilados de Miraflores, mientras trata de comprender su relación con Ximena, una joven cuyo fetiche es verlo engordar, y Alejandra, compañera con tendencias fujimoristas y un gusto sexual por el manjarblanco, dulce típico de la cocina peruana.
Finalmente, Un cementerio para los ángeles es el relato de Matías, un músico y economista argentino que acaba de salir de una clínica psiquiátrica para encontrarse de nuevo con el mundo mientras recuerda su infancia, la crisis argentina de 2002, los cacerolazos y el descenso al infierno que culminó en su reclusión. El presente, que en sus propias palabras se asemeja más a la salida de una incubadora que a un renacer, es el pretexto para reencontrarse con Lars, a quien él considera como un especie de Mefistófeles noruego, Narda, una prostituta que lo ha esperado, y Amanda, la fuente de las tragedias.
Las tres historias contenidas en El fin del mundo en los acantilados pueden ser leídas como tres novelas independientes o como una sola en la que algunas veces los personajes invaden los relatos ajenos.
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