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Réquiem en Granada

Impuestos y envío no incluidos
  • Autor: M. Sindela
  • Estado: Público
  • N° de páginas: 186
  • Tamaño: 170x235
  • Interior: Blanco y negro
  • Maquetación: Pegado
  • Acabado portada: Brillo
  • Descargas: 15
Ver ficha técnica completa

El editor Horacio Lasheras terminó de leer días atrás el original que aún permanece en su mesa, la primera novela de Andrea Torradillos, conocida periodista y asidua tertuliana de los círculos literarios de Granada. El texto le parece demasiado denso, con frases recargadas y una narración errática que no llega a concluir el detalle, y debe decidir si exige a Andrea una nueva revisión que aligere el texto, la enésima y última, o rechazar definitivamente su novela.

Cuando iba a llamar a Andrea, llega a sus manos un original de un autor desconocido. Lo hojea con la desgana propia de quien tiene por rutina enfrentarse a menudo a varios manuscritos inéditos y cree que se trata de uno más. Una vez superada la indolencia inicial y adentrado en el texto, se queda fascinado por la agilidad y la fuerza de la narración, y la habilidad para construir imágenes visuales concisas y efectivas, lo que le lleva a considerar si detrás del nombre que figura en la portada no se oculta un escritor consagrado.

Llama al autor y descubre que se trata de Roberto Deifontes, escritor acreditado y amigo de la juventud, que, en efecto, firma con pseudónimo. Horacio hace venir a su despacho Andrea, le entrega el trabajo inédito de Roberto, sin desvelar su identidad y diciéndole que es de un autor novel, y le sugiere que lo lea y trate de corregir su novela con ese estilo.

Semanas atrás y por caprichos del destino, Andrea y Roberto habían coincidido en una de las páginas de encuentro de Internet y se habían intercambiado varios correos, lo que les permitió descubrir la coincidencia de sus personalidades, gustos y aficiones, además de la gran afinidad que los unía, todo lo cual auguraba un feliz entendimiento entre ellos. Habían acordando verse en Granada, pero sin demorar mucho la cita para no dar lugar a falsas expectativas.  

Por un error de Horacio, Andrea descubre, atónita y emocionada, que Roberto es la misma persona cuya obra le ha cautivado y siente nacer en su interior una profunda admiración y un creciente entusiasmo hacia su autor, al que acaba de conocer personalmente.      

Ambos se compenetran de inmediato y continúan la charla en una cafetería próxima, tertulia que se prolongará durante el almuerzo en un afamado restaurante a orillas del río Genil, a cuyo término Andrea invita a Roberto a su casa a tomar café. La atracción es mutua. Sus miradas se prenden, sus manos se buscan, sus labios se anhelan. La pasión es incontenible y surge el deseo que exige la pronta satisfacción que la naturaleza humana reclama. 

En pleno romance, Andrea confiesa a Roberto haber leído su novela y le pide que corrija la suya, a lo que él se niega, argumentando que tratar de corregir lo escrito por otro es una intrusión en su intimidad.

Desplegando su sensualidad y su erotismo con la sutileza propia de quien se sabe irresistible, Andrea enamora a Roberto, un hombre honrado y honesto que le hace conocer y vivir el amor auténtico, pero ella lo atrae a su tela de araña, donde finge amarlo, y lo seduce para que corrija su novela con el estilo y la fluidez que le exige el editor. La perversidad de Andrea, producto de su propio enigma, va pareja con su egoísmo, porque no se duele del daño que ocasiona con su farsa y muestra su incapacidad para ser leal.

Alo largo de la lectura de la novela, Roberto va descubriendo la intrigante personalidad de su heroína. Dotada de una gran capacidad para amar y ser amada, sin embargo, no sabe exteriorizar sus sentimientos y los camufla bajo la máscara de su seductora sonrisa, detrás de la cual hay una compleja singularidad, recóndita y paradójica, que se mantiene como un misterio impenetrable, como un enigma que, no obstante, se revela a través de sus miedos, sus frustraciones, sus traumas de juventud nunca superados, su inseguridad, y, sobre todo, por la ausencia de amor que hay en su vida, carencia que arrastra desde la niñez y que no ha sabido aliviar a pesar de haber estado unida sentimentalmente a un hombre durante años y de intentar llenar su vacío afectivo con otros muchos que han pasado por su vida y que sólo han sido meros amantes ocasionales, agrandando, así, su gran deuda con el amor.  

Cuando Roberto, perdidamente enamorado, termina de leer y corregir la novela de Andrea y se la entrega, ella acepta complacida los cambios, incluso el nuevo desenlace, tan distinto del inicial, y es, entonces, cuando ella le descubre que su relato es autobiográfico. Roberto comprende que la existencia del amor para Andrea es mera intuición, estimulada por su prodigiosa fantasía, y que, a pesar de desconocerlo, se lo hace vivir a sus personajes de los que, paradójicamente, luego se nutre para revivir lo que escribe y convertirse ella misma en heroína de sus propias novelas. Andrea se ha instalado en el plácido mundo de sus protagonistas femeninos y ya no distingue dónde termina ella y empieza lo ficticio.

Sin mediar palabra, a los tres meses de una intensa y apasionada relación amorosa, Andrea desaparece de la vida de Roberto y pone todos los impedimentos para que él no pueda dar con ella ni localizarla, hasta que, tiempo después y ojeando la prensa digital, él se queda atónito al leer una nota necrológica que da cuenta de su trágica muerte.

Roberto, al sentirse enamorado de Andrea, decidió plasmar en un diario sus vivencias y emociones para perpetuar el recuerdo, memorias que confió a su amigo íntimo y que constituyen el relato de “Réquiem en Granada”   

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