Un sólo Dios, el Padre; un sólo Señor, Jesucristo

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Introducción Laiglesia desde sus primeros días tuvo que enfrentar no sólo las presionesexternas que buscaban socavarla y destruirla, sino también las divisionesinternas que diversos grupos, al introducir doctrinas extrañas a lacongregación, la desviaban de la verdad revelada. Hechos 20:29-31 Séque después de mi partida, vendrán lobos feroces entre vosotros que noperdonarán el rebaño, y que de entre vosotros mismos se levantarán algunoshablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos. Por tanto,estad alerta, recordando que por tres años, de noche y de día, no cesé deamonestar a cada uno con lágrimas. 2 Pedro 3:16 [Pablo] casi en todas sus epístolas, [habla]en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender,las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otrasEscrituras, para su propia perdición Judas 4 Porquealgunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sidodestinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinajela gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro SeñorJesucristo. 1 Juan 2:19 Salieronde nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros,habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que notodos son de nosotros. Lanaturaleza del Padre y del Hijo, así como la relación entre ambos, fue uno delos temas que en su momento causo grandes disensiones y divisiones en laiglesia. Pocoa poco, durante las primeras décadas de vida de la iglesia y sobre todo conmayor fuerza después de la muerte de los apóstoles, dos posturas fueron tomandoforma: Unaseñalaba que Jesús era igual al Padre, es decir, infinito, eterno yomnipotente, que ambos eran la misma esencia y el mismo ser, y que así como elPadre era Dios Jesús en la misma extensión de la palabra era ese mismo Dios,así que al hablar de Dios uno podía referirse al Padre o al Hijo, ya que nohabía diferencia ni en sus características ni en su naturaleza. Laotra señalaba que Jesús era divino/sagrado y que fue enviado a la Tierra parala salvación de la humanidad pero que no era igual a Dios Padre, Jesús era laprimera creación de Dios, por lo que no era ni infinito ni eterno y tampoco porsí mismo todopoderoso. El Padre era el único Dios verdadero, mientras que suHijo, por naturaleza, era divino, de ahí que se le refiriera como Hijo de Dios,Divino, un Dios, o solamente Dios entendiendo la diferencia con el único Diosque era el Padre. Estascuestiones fueron zanjadas en el año 325 d.C. Concilio de Nicea, donde laiglesia romana aliada del poder imperial del emperador Constantino, fijó comoparte principal de las resoluciones lo que se conoce como el credo de Nicea enel cual la primera postura, la de Jesús siendo Dios, tal como el Padre es Dios,fue la que prevaleció. Persecucionesfueron y vinieron y con el tiempo esta postura, conforme la iglesia romanaadquiría mayor poder y se extendía, fue la que prevaleció. Incluso cuando lareforma protestante del siglo XVI llevó a las iglesias y credos escindidos dela iglesia romana esta fórmula. Peroa pesar de todo nunca se extinguió realmente esta cuestión de la naturaleza delPadre y del hijo, así como de su relación, siendo que aunque la posturamayoritaria fue la mencionada, incluso hasta nuestros días, grupos pequeños decreyentes desperdigados por aquí y por allá a lo largo de los siglos hanabrazado la postura minoritaria. Cuandouno trata de abordar este tema, como muchos otros cuya revelación sólo puedeencontrase en las Sagradas Escrituras, surgen dos problemas. El primer problemaes que tanto un grupo como el otro esgrimen aquellas citas de la Escritura quetienden a soportar el argumento que están defendiendo denostando las citas quelo contradicen. El segundo problema es que cada cita de la Escritura presentadava acompañada de los argumentos y razonamientos que la inclinan hacia un lado ohacia otro. Pero,¿y si dejamos que sea la Palabra de Dios por sí sola la que nos ayude en esteasunto? Después de todo “toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil paraenseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de queel hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2Timoteo 3:16-17). Estaes la finalidad con la que se ha creado este libro que ha buscado subsanar losdos problemas comentados anteriormente. Para el primer problema, lo que se hahecho es que no se han presentado solo aquellas citas de la Palabra de Dios quepueden apoyar tal o cual postura sino que, a través de un análisis minuciosodel Nuevo Testamento, se han incluido todas aquellas citas de la Escritura quetratan precisamente de la naturaleza del Padre, de la naturaleza del Hijo, y dela relación entre ambos. Para el segundo problema, lo que se ha hecho es que nose han incluido comentarios algunos en las citas de las Escrituras para que seael lector, bajo la guía e inspiración del Santo Espíritu del Padre, el quepueda ver por sí mismo la verdad revelada. Esto partiendo de la premisa de queuna vez entendiendo de manera general el todo de la verdad revelada es másfácil ajustar los pequeños detalles de entendimiento e interpretación, que apartir de pequeños detalles de entendimiento e interpretación querer ajustar eltodo de la verdad revelada. Ellibro se ha divido en dos grandes apartados, el primer apartado -… a él oíd…-, trata sobre los Evangeliosy recoge las palabras de Jesús al respecto del tema; el segundo apartado -… Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?…-,trata de los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas yRevelación, recoge las palabras de los apóstoles sobre el tema. Que la lectura de laSagrada Palabra de Dios nos enseñe, redarguya, corrija e instruya (2 Timoteo3:16) y que la guía el Santo Espíritu de nuestro Padre Dios nos guíe a laverdad (Juan 16:13) de la fe que ha sido una vez dada a los santos para siempre(Judas 3).

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